Sacrificio de juventud
SPUTNIK
© Sputnik
Cómo ayudó la retaguardia de la URSS a derrotar a los nazis
Una integrante de la retaguardia soviética durante la Segunda Guerra Mundial relató a Sputnik las privaciones que sufrió en aquellos años en el arduo camino hacia la victoria en el conflicto más sangriento de la historia. También contó su experiencia como docente de alumnos cubanos en la posguerra.
Lilia Ivanova
veterana emérita de la ciudad de Moscú e integrante de la retaguardia soviética durante la II Guerra Mundial
Lilia Ivanova nació en la aldea de Grigoropolísskaya, en la margen derecha del río Kubán, en la región de Stávropol. Allí acudía a la escuela local.

Cuando la Alemania nazi atacó la URSS el 22 de junio de 1941, Ivanova acababa de terminar el octavo grado. Aquel mismo día, la joven y sus amigos decidieron que iban a luchar en el frente.
El frente nos necesitaba. Fuimos al director y le pedimos que nos sometiera a adiestramiento militar. Ya sabíamos que, sin adiestramiento, nuestra presencia en el frente no valdría para nada. Encontramos a un viejo oficial y empezó a entrenarnos. Era el primer reto antes de pasar los exámenes de aptitud física.
Lilia Ivanova
en los primeros años de la guerra
De acuerdo con las normas de aquella época, los integrantes de las unidades militares tenían que tirar granadas a una distancia de al menos 20 metros. Lilia Ivanova logró lanzar una a 23 metros.

Además, los jóvenes aspirantes aprendieron a ensamblar y desensamblar diferentes tipos de armas con los ojos vendados en pocos minutos.
Jóvenes se inscriben al Ejército durante los primeros días de la guerra
(imagen referencial)
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Cuando llegó septiembre comenzamos a llamar a la puerta de los centros de reclutamiento. Entonces tenía solo 15 años. ¿Quién podía reclutarme? ¿Quién iba a creer que tenía 18 años?
Para finales del noveno curso en la escuela, todos los chicos ya luchaban en el frente, mientras que las chicas y los trabajadores de la granja colectiva fueron enviados a excavar trincheras cerca de Stávropol.
Soldado del Ejército Rojo en el campo de batalla
(imagen referencial)
© Sputnik / Georgy Zelma
Excavamos trincheras. Fue muy duro. Después de dos meses de trabajo, nuestras manos estaban cubiertas de callos de color azul oscuro por culpa de la sangre coagulada.
Los aviadores nazis realizaban vuelos contra Stávropol despegando desde un aeródromo de Rostov del Don, que en 1942 estaba ya bajo su control. Descendían a alturas muy bajas en pleno vuelo y disparaban contra las chicas que excavaban las trincheras en las inmediaciones de la urbe.
Si teníamos las palas en nuestras manos, nos cubríamos con ellas. Gritábamos: 'Mamá, ayuda, por todos los santos, ayúdanos'. Si no teníamos una pala, nos resultaba imposible cubrirnos el rostro. Si portábamos camillas con las manos, las soltabábamos de inmediato.
Cuando vieron el avión enemigo acercarse, se dieron cuenta de que los nazis con gafas de piloto se reían.
Mujeres excavan trincheras en la línea de de frente
(imagen referencial)
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Cuatro niñas murieron, ocho resultaron heridas. Dios me absolvió [de la muerte], salí sana y salva. No nos quedamos atenazados por el miedo y no abandonamos nuestro trabajo hasta que lo terminamos.
Vida bajo la ocupación nazi
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En julio de 1942 Lilia fue a su casa en su aldea natal. Cuando llegó, se enteró de que su madre y su hermano habían aceptado ser evacuados de la aldea junto a su tío, quien había sido herido en el campo de batalla y recibía tratamiento en su domicilio.
Nos fuimos [de la aldea] en un carromato junto con los trabajadores de la granja colectiva y llegamos hasta Nevinnomissk. Habíamos cubierto cerca de 150 kilómetros cuando nos alcanzaron los tanques alemanes.

Todavía no habían establecido el control total ni sobre la región de Krasnodar ni sobre Crimea, pero ya estaban en la región de Stávropol. Lo que buscaban era el petróleo de Azerbaiyán. Por eso se apresuraban hacia allí.
Lilia Ivanova
en los primeros años de la guerra
La familia pasó el día entero escondiéndose en un bosque. Desde allí vieron numerosos carros de combate de diferentes tamaños, así como automóviles de carga y de pasajeros, y a soldados rumanos montando a caballo.

Los miembros de la familia regresaron a su carromato cuando ya era de noche, pero todas sus pertenencias habían sido robadas, a excepción de un cubo.

Lilia Ivanova se quedó únicamente con un pañuelo que había tomado consigo porque era incapaz de acostarse sobre la tierra polvorienta del bosque.

Cuando la familia regresó a casa, la aldea estaba bajo el control de los nazis.
Entraron en nuestra casa, abrieron un cofre y encontraron raso de color azul y pidieron que les dieran unas tijeras. Yo hablaba muy bien alemán, porque antes de que empezara la guerra había una granja colectiva poblada por alemanes cerca de donde vivíamos.
Soldados alemanes entran en un domicilio
(imagen referencial)

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Les entregaron las tijeras y cortaron el raso en tiras para usarlas como pañuelos. Nos privaron del resto de nuestras pertenencias gradualmente. No nos masacraron, pero nos ordenaron dejar las puertas abiertas.
Los nazis venían a casa tanto de día como de noche. Los ocupantes saquearon todo lo que había en la granja colectiva local y lo transportaron a Alemania, incluyendo todo el trigo.
Nadie trabajó durante medio año. Nada funcionó, ni las farmacias, y había escasez de medicinas. Por aquel entonces, mi padre ya se había marchado al frente. Falleció en septiembre de 1941 cerca de Odesa —actualmente, parte de Ucrania—.
La resistencia
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Dos chicos que habían estudiado en la clase de al lado en la escuela de Lilia Ivanova no fueron evacuados, como muchos habitantes de la aldea.

Se quedaron en el pueblo de manera voluntaria para 'ingresar' en las filas de las unidades de policía creadas por los invasores. Es decir, para desempeñarse como infiltrados.
Aviones de la Fuerza Aérea de la URSS durante la Gran Guerra Patria
(imagen referencial)
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En la fase inicial de la ocupación, los nazis lograron derribar un avión espía soviético que realizaba un vuelo sobre la región de Krasnodar.
Los soldados alemanes mandaron a las unidades de policía para localizar a la piloto, que no obstante logró salvarse.
Los chicos policías encontraron a la piloto herida en las dos manos. Le salvaron la vida y cuidaron de ella.
La sanaron con las medicinas robadas de los alemanes. Cuando al final consiguieron curarla, la piloto regresó al frente y visitó nuestra aldea después de que terminara la guerra. Sin embargo, los chicos que le salvaron la vida ya habían perecido luchando en el frente.
Lilia Ivanova
durante la guerra
Justo antes de la liberación de su aldea por parte del Ejército Rojo, la familia de Lilia Ivanova se vio envuelta en un gran peligro.
Sufrimos tanto el frío como la hambruna. La ocupación nazi estaba a punto de terminar en enero de 1943. Las unidades del Ejército Rojo se acercaban a nuestra aldea.

Un poco antes de su llegada, un joven policía informó a mi madre de que nuestra familia había sido incluida en la lista para ser fusilada. De ahí que nos aconsejara que escapáramos de la localidad.
La familia huyó de su aldea a casa de los abuelos paternos de Lilia Ivanova, que residían a una distancia de 18 kilómetros. Allí mantuvieron un perfil bajo hasta que acudió el Ejército Rojo.
En la aldea natal del futuro marido de la veterana, los ocupantes enterraron vivas a 27 personas, incluidos niños y mujeres. Nadie logró avisarlos con tiempo de la posible masacre.
Civiles soviéticos masacrados
(imagen referencial)

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La veterana también relató una historia del jefe de la 'militsia' local —el nombre de la policía en la URSS y otros países socialistas—, cuya familia se escondió en la república de Karachai Circasia —situada al sur de la región de Stávropol—.
Una vez el oficial de las fuerzas de seguridad arribó allí, ingresó en un grupo de partisanos —guerrilleros— y se convirtió en su comandante.
Vestía a su hija de seis años como una mendiga y la enviaba a las localidades cercanas a su escondite con el fin de que realizara labores de reconocimiento.
La menor de edad contaba el número de tropas enemigas, así como la cantidad de material bélico desplegado allí. La pequeña espiaba mientras fingía pedir limosna.
No sabía leer ni escribir. Si veía un tanque, pasaba un frijol de un bolsillo al otro. Si se topaba con un cañón, hacía lo mismo, pero con un grano de maíz.

Si veía a tres soldados nazis, pasaba tres semillas de girasol. Fue un 'pequeño ser humano' que ayudó a los partisanos.
Los partisanos siempre esperaban a que la niña regresara al límite del bosque, donde estaban escondidos. Una vez que la pequeña terminaba su tarea, regresaba con ellos.

La menor pasó medio año haciendo esta tarea tan importante. Luego fue condecorada con la medalla 'Al partisano de la Gran Guerra Patria'.
Después de la liberación
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Tras la llegada del Ejército Rojo al pueblo donde vivía Lilia Ivanova, la vida volvió a la normalidad. La joven empezó a arar la tierra con el uso de una vaca.

Fue la única oportunidad de hacerlo, ya que los invasores habían robado todos los tractores.

La mayoría trabajó en el campo sin calzado, dado que los ocupantes habían privado a todos los habitantes de la aldea de sus pertenencias. Luego, la joven Lilia se hizo con unas zapatillas hechas de un antiguo maletín de su difunto padre.

El Día de la Victoria llegó cuando estudiaba en el primer año del Instituto Pedagógico de Stávropol.
Miramos por la ventana de la residencia de estudiantes. Vimos a nuestros chicos correr y disparar al aire sus pistolas.

Vinieron hacia nosotras, nos abrazaron y dijeron: 'Se acabó la guerra, la guerra ha tocado a su fin, hemos sobrevivido'. Así vivimos el 9 de mayo.
Lilia Ivanova
en los primeros años de la guerra
Después de que acabara la guerra, Lilia Ivanova se graduó en la cátedra de filología y comenzó a trabajar como profesora. Entonces la enviaron a ejercer a una localidad en la actual región de Tver.

Todos los alumnos que estudiaban allí habían sido esclavos en Alemania. Solo la familia del director del colegio logró evitar los trabajos forzados.
Refugiados soviéticos durante la Gran Guerra Patria
(imagen referencial)
© Sputnik / Vladimir Galperin
El sobrino de la esposa del director, que hablaba alemán muy bien, se enteró de los planes de los nazis de quemar su aldea y secuestrar a todos sus habitantes para luego enviarlos a Alemania. El niño avisó a su familia de manera oportuna.
La familia escapó en mitad de la noche y se escondió en un bosque cuando hacía -40oC. Tomaron consigo solo dos colchones y documentos. Los miembros de la familia durmieron en los colchones, que habían colocado sobre la nieve.
Cuando el sobrino trepó a la copa de un árbol, vio que no quedaba ninguna aldea en las proximidades. Todas habían quedado reducidas a cenizas, mientras los alemanes armados con fusiles escoltaban a los lugareños.
En aquella época secuestraban a todos los bebés rubios de entre dos y cuatro años y se los llevaban a Alemania. Sus padres nunca conocieron el destino de los niños, cómo fue su vida de esclavos.
Muchos de los que fueron escoltados a Alemania murieron en el camino a causa de la hambruna y el frío. Gran parte de ellos era gente de la tercera edad. Las condiciones de vida en Alemania eran muy complicadas.
Rehenes soviéticos liberados por el Ejército Rojo
(imagen referencial)
© Sputnik / Alexander Fridlyansky
Dos menores de la clase de Lilia de cabello rubio donaron sangre de manera forzosa cuando estaban en Alemania.

Las despertaban incluso en la madrugada para donar sangre a los soldados alemanes heridos. Las alimentaban decentemente, aunque salieron muy flacas a causa de las condiciones de esclavitud.

Las dos niñas sobrevivieron al cautiverio de milagro.
Alumnos cubanos
© Lilia Ivanova
Lilia Ivanova trabajó dos años en aquella escuela y luego regresó a su aldea natal. Allí estuvo en un colegio durante otros nueve años ejerciendo como profesora de ruso.
Ivanova decidió después ingresar en la facultad de historia. Tras graduarse, comenzó a enseñar la materia. Quería dejar atrás el trabajo diario de leer constantemente cuadernos de alumnos.
En aquella época, tomó la determinación de no decirle a nadie cuál era su verdadera profesión, porque quería evitar volver a revisar aquellos cuadernos.
Una escuela para la mecanización necesitaba a una profesora para estudiantes cubanos. Para hacerse con el puesto, había que participar en un concurso abierto.
La mujer probó suerte, si bien tuvo que reconocer que era profesora de ruso. Gracias a esto Lilia consiguió la plaza y fue empleada como profesora de los cubanos.
Los alumnos cubanos de Lilia Ivanova
© Lilia Ivanova
Instruyó a tres grupos de cubanos entre 1961 y 1962 y a otros tres entre 1962 y 1963.
La primera palabra que aprendí en español fue 'pronto'. [Los cubanos] Solían llegar tarde a las clases. Y yo les decía 'pronto, pronto, pronto, ¡entren!'. Entendía todo, pero a veces, cuando hablaba, los estudiantes cubanos sonreían. Bueno, sonreían al parecer si cometía ciertos errores.
Lilia Ivanova
en los años 1960
En una ocasión viajó junto a los cubanos a un balneario en Odesa, donde realizaron una ofrenda floral a la fosa donde yacían los restos de su padre.
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Lilia Ivanova
El camino hacia la victoria
Durante la fase final de su carrera docente, Lilia Ivanova trabajó como inspectora de escuelas en la región de Stávropol.

Luego se mudó a Moscú, donde ostentó el cargo durante 12 años de presidenta de la Comisión para la Educación Patriótica de los Jóvenes de unos de los distritos de la capital.

Hoy en día, Lilia Ivanova tiene 91 años. Suele visitar regularmente las escuelas locales, donde relata a los jóvenes estudiantes la historia su vida, que ha caminado en paralelo a las victorias de Rusia.
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Fotos: Sputnik, Lilia Ivanova
Texto: Sputnik
Diseño: Denis Lukyanov
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